Una mañana cualquiera

Cada mañana se sube al mismo vagón. Durante todo el viaje escribe de forma compulsiva en una vieja agenda. De vez en cuando se detiene, confusa o insatisfecha con sus anotaciones. Entonces tacha unas líneas o mira por la ventanilla, esperando atrapar de nuevo el hilo de esa historia que casi se le escapa entre los dedos.
 
Hay ocasiones en las que no debe de estar muy inspirada y en lugar de sacar la libreta, se pasa el viaje escuchando música y con la mirada perdida en un sueño o en un recuerdo.
 
Los miércoles no escribe ni una línea. Dedica los 45 minutos del viaje a leer "el jueves" que compra a las carreras en el kiosko de la estación.
 
Hoy quizás me haya atrapado en una de sus historias…
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