Quisiera abrazar estas ruinas que se extienden ante mí,
prestarle voz a la piedra adormecida,
cantar sueños y esperanzas,
proclamar alegrías y tristezas,
morir de amor,
gritar de rabia.
Contaría la crudeza de aquel invierno y su mano en tu mano;
los nuevos pasos que se oían en primavera;
la pasión extenuante de un verano mágico;
el sosiego en la caída de las hojas.
Quisiera prestar mi voz y ensalzar la vida
mientras vivo.
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