Era temprano y el tren iba casi vacío. En algún punto entre dos estaciones, la sombra de un asiento empezó a extenderse de forma líquida y rodó hacia mis pies. Se elevó hasta la altura de mis ojos y sus formas se hincharon y estiraron hasta adquirir una forma nítida.
En cuestión de segundos tenía ante mi a un pequeño duendecillo de apariencia plástica que me miraba con expresión risueña.
De la nada surgió un pequeño sombrero de colores que hábilmente hizo rodar a lo largo del brazo, hasta llegar a su mano. Dió los buenos días con una reverencia cortés y se sentó ante mi. Yo sólo podía pensar en qué llevarían los nuevos cereales…
Las puertas se abrieron; habíamos llegado a una estación. Sin tener tiempo para reaccionar, contemplé con horror cómo una señora enorme se sentaba sobre él. Quise gritar, pero en lugar de eso, me desperté sobresaltada.
¡¡Había vuelto a perder el tren!!
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Y quién dice que la parte irreal de nuestra vida son los sueños y no la vigilia?.Un beso infinito